De manera intuitiva, el 2 es un número mayor al 1, el 3 a ambos, y el 100 el mayor. De allí sucede que los números racionales (eso es, expresables en fracciones) comprendidos entre cualquier apareamiento de estas cuatro cifras correspondan a una dimensión distinta de infinito. Eso es: el infinito entre el 1 y el 2 es necesariamente menor al infinito entre el 1 y el 3, que a su vez será inferior al infinito que separa a cualquiera de ellos con el 100. Y es más: cualquiera de estos infinitos será inferior a la enumeración infinita de números pares, impares, o incluso los números naturales mismos (es decir, la distancia infinita entre 0 y ∞). A su vez, y como hizo evidente Cantor con su célebre diagonal, el conjunto de números reales supone una nueva clase de infinito: el infinito no numerable; la secuencia cuyos números cardinales no podrían ser naturales. Podemos tejer para cada universo una red horizontal, y así representárnoslos como líneas paralelas, ordenadas infinitamente, pero con una cumbre en la cima de la primera (última?) de ellas: el infinito no contable.